





América Latina alberga un tesoro de centros históricos, donde se entrelazan de manera única el legado colonial, las profundas raíces indígenas y la energía contemporánea. Calles adoquinadas, plazas majestuosas y catedrales levantadas sobre antiguos sitios precolombinos narran historias de siglos, creando un patrimonio urbano dinámico. En este contexto, la música, la gastronomía y las tradiciones artesanales mantienen viva la identidad cultural de una región que ha hecho de la diversidad su mayor riqueza.
Según un estudio de la firma alemana TourLane, diez ciudades latinoamericanas se distinguen por la belleza de sus cascos históricos. La evaluación se basó en criterios como la antigüedad de los sitios, su accesibilidad a pie, el costo promedio de las visitas guiadas y su popularidad en plataformas digitales. Este análisis seleccionó las mejores entre 65 ciudades globales, con una notable representación de América Latina.
Colombia, México y Brasil son los países con mayor presencia en esta clasificación, con Cartagena, Oaxaca y Salvador de Bahía liderando los primeros puestos. A estas les siguen ciudades de Centroamérica y Sudamérica, como Antigua en Guatemala, Buenos Aires en Argentina y Colonia del Sacramento en Uruguay. Todas ellas han sido reconocidas por la UNESCO por su invaluable valor histórico y la excepcional conservación de su trazado original.
Cartagena, en Colombia, se alza en la primera posición, célebre por sus murallas del siglo XVI y su casco colonial perfectamente preservado. Conocida como la Ciudad Amurallada, es Patrimonio Mundial de la UNESCO y uno de los centros históricos más animados de la región. Sus balcones adornados con buganvillas y sus calles empedradas evocan el esplendor de un antiguo puerto colonial, ofreciendo hoy un escenario vibrante de historia, arte y la rica cultura caribeña.
Oaxaca, en México, ocupa el segundo lugar, con un centro histórico que maravillosamente entrelaza las herencias zapoteca y mixteca con la majestuosa arquitectura barroca española. Alrededor del Zócalo, iglesias coloniales, mercados vibrantes y puestos callejeros crean una atmósfera inigualable. TourLane subraya su “equilibrio entre patrimonio material e inmaterial”, donde la gastronomía, con el mole como emblema, y las tradiciones comunitarias son elementos esenciales de su paisaje urbano.
Salvador de Bahía, en Brasil, se sitúa en el tercer puesto, combinando la influencia portuguesa con la poderosa herencia afrobrasileña. El barrio de Pelourinho, epicentro histórico y cultural de la ciudad, fue un importante centro colonial en el siglo XVI y hoy resuena al ritmo de la samba y el candomblé. Entre sus fachadas de colores pastel y plazas adoquinadas, se encuentran la Iglesia de São Francisco, la Catedral Basílica y el Museo Afrobrasileño, que simbolizan el mestizaje que define la identidad brasileña.
La lista también incluye otras joyas de la región, como Panamá, con su casco antiguo frente al Pacífico; la vibrante Buenos Aires en Argentina; Antigua en Guatemala, un modelo de planificación urbana colonial; Mérida en México, que aún conserva vestigios mayas en su diseño; y Colonia del Sacramento en Uruguay, cuya fusión de estilos español y portugués le otorga un carácter distintivo. Completan este prestigioso ranking Sucre en Bolivia y Quito en Ecuador, ambas distinguidas como Patrimonio Mundial por la UNESCO por la excelente preservación de sus conjuntos arquitectónicos.
